En Nueva York, Bourita copreside con Guterres la Conferencia Mundial sobre la lucha contra el discurso de odio, organizada por Marruecos y la ONU

ALDAR / Iman Alaoui
Desde la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Marruecos reafirmó su firme compromiso con la lucha contra los discursos de odio y la promoción del diálogo interreligioso e intercultural. Este compromiso fue reiterado durante la Conferencia Mundial sobre la lucha contra los discursos de odio mediante la promoción del diálogo interreligioso e intercultural y la tolerancia, copresidida este jueves por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, junto al secretario general de las Naciones Unidas y el presidente de la Asamblea General de la ONU, al margen de la 81.ª sesión de la Asamblea General.

La conferencia, organizada conjuntamente por Marruecos, la Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger y la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, se enmarca en los esfuerzos destinados a reforzar el papel del diálogo y la tolerancia en la prevención de los discursos de odio y la consolidación de la cohesión social. Asimismo, busca mantener la movilización internacional frente a este fenómeno mediante el fortalecimiento de la cooperación entre los Estados, las instituciones religiosas, la sociedad civil y los actores del ámbito digital.

En su discurso de apertura, Nasser Bourita subrayó que la iniciativa marroquí de organizar esta conferencia se inspira en el mensaje dirigido por el rey Mohammed VI a los participantes en el IX Foro Mundial de la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, celebrado en Fez el 22 de noviembre de 2022. En dicho mensaje, el monarca marroquí llamó a hacer de la política, la religión y el diálogo instrumentos al servicio de la paz.
El ministro marroquí de Asuntos Exteriores subrayó que la reiteración del debate sobre los discursos de odio en los foros internacionales no debe convertirse en un mero ejercicio coyuntural. Señaló que la persistencia de las manifestaciones de odio recuerda constantemente la urgente necesidad de una acción colectiva destinada a preservar la dignidad humana y proteger a las sociedades frente a la exclusión y la división.

Bourita explicó que el desconocimiento del otro, la transmisión de prejuicios y las vulnerabilidades sociales y económicas pueden alimentar temores que llevan a percibir la diversidad religiosa y cultural como una amenaza. Advirtió asimismo de que estos temores pueden ser explotados políticamente por corrientes extremistas para alimentar las divisiones y atribuir a una comunidad entera la responsabilidad por los actos cometidos por individuos.
En este contexto, Bourita alertó sobre la normalización de los discursos de odio por parte de responsables políticos que anteriormente han ejercido funciones de gobierno, subrayando la necesidad de señalar este tipo de actitudes debido al riesgo de que contribuyan a hacer que los discursos de odio sean cada vez más aceptables en el debate público.

Asimismo, puso de relieve la responsabilidad de los dirigentes y de las instituciones políticas, religiosas e intelectuales a la hora de combatir la instrumentalización de la religión y la identidad para justificar la exclusión, especialmente cuando posiciones basadas en la intolerancia se presentan bajo el pretexto de la defensa del patriotismo.
Bourita afirmó que la iniciativa marroquí se inscribe naturalmente en el compromiso del Reino con el diálogo, la tolerancia y la convivencia, como prolongación de un enfoque profundamente arraigado en la historia de Marruecos, sus instituciones y sus opciones nacionales.

En este sentido, el ministro recordó las disposiciones de la Constitución marroquí, que consagra una identidad nacional unificada, plural y abierta a los valores universales, en la que confluyen las componentes árabe-islámica, amazigh y saharaui hassaní, enriquecidas por sus aportaciones africanas, andalusíes, hebreas y mediterráneas.
Bourita destacó el papel central de la institución de la Comandancia de los Creyentes en la consolidación de este modelo, recordando que el rey Mohammed VI, en su calidad de Amir Al Mouminine, es garante de la libertad de culto, de conformidad con la Constitución. También señaló que Marruecos, bajo esta institución profundamente arraigada en la historia del país, acogió en diferentes periodos a comunidades religiosas y étnicas obligadas a abandonar sus países para huir de las persecuciones y de la Inquisición.

El ministro puso igualmente de relieve las profundas raíces históricas de la convivencia entre las diferentes comunidades religiosas de la sociedad marroquí. Durante siglos, musulmanes, judíos y cristianos compartieron un mismo espacio, señaló, considerando que este legado se ha convertido en una opción institucional plasmada en las políticas del Estado bajo el liderazgo del rey Mohammed VI.
En el plano multilateral, Bourita recordó que Marruecos desempeña un papel activo en el seno de las Naciones Unidas en la lucha contra los discursos de odio. En particular, destacó la adopción por parte de la Asamblea General de la ONU de tres resoluciones impulsadas por Marruecos, entre ellas la relativa a la promoción del diálogo interreligioso e intercultural y la tolerancia frente a los discursos de odio. Esta dinámica, señaló, refleja el compromiso de Rabat con la construcción de un enfoque internacional multilateral para hacer frente a este fenómeno.

En este contexto, el jefe de la diplomacia marroquí identificó cinco prioridades que deberían orientar la acción colectiva durante la próxima etapa: educar en el respeto de las diferencias; consolidar el diálogo interreligioso e intercultural en la vida social; promover la responsabilidad en el discurso público; reforzar la equidad y la igualdad de oportunidades; y prevenir los discursos de odio en el espacio digital.
Bourita concluyó reafirmando la determinación del Reino de continuar contribuyendo a este esfuerzo internacional, subrayando que la protección de la dignidad humana constituye uno de los fundamentos de la seguridad y que la convivencia no es una opción coyuntural, sino que exige un compromiso permanente y una responsabilidad compartida entre los Estados, las instituciones y todos los actores implicados





