La embajadora de China en Marruecos escribe sobre la distorsión de la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas: ¡Qué error! ¡Qué absurdo! ¡Qué peligro!

Por S.E. la Sra. Yu Jingsong, Embajadora de la República Popular China en el Reino de Marruecos
Este año marca el 80º aniversario de la recuperación de Taiwán, así como una renovación firme de la determinación de la comunidad internacional de respetar el principio de “una sola China” y apoyar la causa de la reunificación nacional de China, más que nunca.
El próximo 25 de octubre se celebrará también el 54º aniversario de la adopción de la Resolución 2758 por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Lamentablemente, algunos países y ciertas fuerzas intentan distorsionar esta resolución, difundiendo la falsa y errónea idea de que “el estatus de Taiwán no está definido”, con el propósito vano de ampliar lo que llaman “el espacio internacional de Taiwán”.
Tal intento constituye un error grave, un absurdo total y un peligro inminente.
1. En su error:
El error fundamental radica en que la Resolución 2758 afirma de manera oficial y absoluta el principio de “una sola China”, sin ningún margen de ambigüedad.
La resolución establece claramente:
«La Asamblea General reconoce que los representantes del Gobierno de la República Popular China son los únicos representantes legítimos de China ante las Naciones Unidas, y que la República Popular China es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Decide restituir a la República Popular China todos sus derechos y reconocer a los representantes de su Gobierno como los únicos representantes legítimos de China ante las Naciones Unidas, y expulsar de inmediato a los representantes de Chiang Kai-shek del puesto que ocupan ilegalmente en las Naciones Unidas y en todos los organismos dependientes de ella.»
Este texto deja claro que solo existe una China en el mundo, que el Gobierno de la República Popular China es el único gobierno legítimo que representa a toda China, incluida Taiwán, y que no existe nada llamado “dos Chinas”.
Distorsionar esta resolución equivale a falsificar la historia y representa un grave error político.
2. En su absurdo:
El absurdo reside en que la adopción de la Resolución 2758 resolvió de manera definitiva la cuestión de la representación exclusiva de China en las Naciones Unidas.
Antes de la votación, Estados Unidos trató de promover una propuesta de “doble representación”, que pretendía “reconocer a la República Popular China” y, al mismo tiempo, “mantener la representación de la República de China (Taiwán)”, en un intento desesperado de crear “dos Chinas” dentro de la ONU.
Muchos países se opusieron enérgicamente a esta propuesta, considerándola contraria al derecho, a la realidad, a la justicia y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Con la adopción de la Resolución 2758 por una abrumadora mayoría, la propuesta estadounidense fue rechazada y se convirtió en un documento sin valor alguno.
Hoy, el hecho de que algunos países intenten revivir esas ideas muertas y promover la noción de “una China y una Taiwán” en la ONU o en organismos multilaterales, no es más que un intento de volver a un callejón sin salida, un acto inútil y absurdo.
3. En su peligro:
Cuestionar la Resolución 2758 equivale a desafiar el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial y la propia autoridad de las Naciones Unidas.
El preámbulo de la resolución afirma que “la restitución de los derechos legítimos de la República Popular China es indispensable para salvaguardar la Carta de las Naciones Unidas y la causa que la Organización defiende de acuerdo con dicha Carta”.
Se trata, pues, de una declaración formal del compromiso de preservar la autoridad de las Naciones Unidas.
Quienes distorsionan o cuestionan esta resolución violan los principios fundamentales de las relaciones internacionales, especialmente la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, socavando así el orden internacional establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial y amenazando con devolver al mundo a la ley de la selva, donde el fuerte domina al débil. Esto es extremadamente peligroso.
Marruecos fue testigo, partidario y defensor de la Resolución 2758.
En 1960, Su Majestad el difunto Rey Hassan II —entonces Príncipe Heredero— expresó con fuerza ante las Naciones Unidas su apoyo al restablecimiento de la República Popular China en su escaño legítimo dentro de la organización.
Once años después, Marruecos se unió a numerosos países amigos para apoyar la adopción de la Resolución 2758 por una abrumadora mayoría.
Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Marruecos, hace sesenta y siete años, el Reino se ha mantenido firme en su adhesión al principio de una sola China, apoyando a China en la defensa de su soberanía, su integridad territorial y su reunificación nacional —una posición que China valora y aprecia profundamente.
El próximo año se cumplirá el décimo aniversario del establecimiento de la asociación estratégica entre China y Marruecos.
China reafirma su disposición a seguir apoyando a Marruecos en la preservación de su seguridad y estabilidad nacionales, así como en el fortalecimiento del apoyo mutuo constante en las cuestiones que afectan a los intereses fundamentales de ambos países.
Nuestra responsabilidad común hoy es proteger los logros de la Segunda Guerra Mundial y del orden internacional de posguerra, defender la justicia y la equidad internacionales, y oponernos a cualquier intento de falsificar la historia o de interferir en los asuntos internos de los Estados.
El principio de “una sola China” refleja la voluntad de los pueblos y la justicia de una causa.
El compromiso de la comunidad internacional con este principio sigue siendo inquebrantable.
Y el curso de la historia hacia la reunificación completa de China es ya irreversible.




