Denle una oportunidad a la paz: devolver la tranquilidad a Oriente Medio

Por Yu Jinsong, embajadora de la República Popular China en Marruecos
La situación en Irán ocupa hoy los titulares de la actualidad internacional, mientras la paz en Oriente Medio y la estabilidad mundial vuelven a situarse en una encrucijada decisiva. Recientemente, Wang Yi, ministro de Asuntos Exteriores de la República Popular China, expuso de forma sistemática la posición de su país durante una rueda de prensa celebrada al margen de las reuniones de las “Dos Sesiones” de China en 2026. En esa ocasión presentó cinco principios fundamentales que deberían guiar la acción internacional: el respeto a la soberanía nacional, el rechazo al uso de la fuerza, la adhesión al principio de no injerencia en los asuntos internos, la solución política de los focos de tensión y el papel constructivo que deben desempeñar las grandes potencias.
No se trata únicamente de un llamamiento chino a favor de la paz; también refleja la aspiración compartida por gran parte de la comunidad internacional. La historia de Oriente Medio ha demostrado repetidamente que la fuerza no es la solución y que las hostilidades solo generan más odio y nuevas crisis. La solución política sigue siendo la única salida posible y la negociación diplomática es la opción correcta. Aunque el camino pueda ser largo y difícil, merece todos los esfuerzos.
En primer lugar, el respeto a la soberanía nacional es la base para consolidar la paz. El ministro Wang Yi subrayó claramente que la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Irán, así como la soberanía de los países de la región del Golfo Pérsico, deben ser respetadas y no pueden ser vulneradas bajo ninguna circunstancia. Toda acción que ignore la soberanía de otros Estados y pisotee el derecho internacional solo siembra las semillas del odio, profundiza las divisiones y prolonga la inestabilidad. El respeto mutuo y la defensa de la soberanía son las únicas bases capaces de crear las condiciones necesarias para el diálogo y las negociaciones, y para sentar las bases de una paz duradera.
En segundo lugar, es necesario combatir el abuso de la fuerza y rechazar la lógica de la ley del más fuerte. Wang Yi señaló que la fuerza no equivale al derecho y que el mundo no debe volver a regirse por la ley de la selva. Recurrir con facilidad al poder militar no demuestra verdadera fortaleza; por el contrario, empuja a los civiles inocentes al abismo de la guerra y los convierte en sus principales víctimas. Por ello, deben condenarse todos los ataques indiscriminados contra civiles y objetivos no militares. La comunidad internacional debe unirse para oponerse a las políticas de fuerza y a las aventuras militares, y devolver a la escena internacional la primacía de la razón y del Estado de derecho.
En tercer lugar, es fundamental mantener el principio de no injerencia en los asuntos internos y devolver la decisión a los pueblos de la región. Los pueblos de Oriente Medio son los legítimos dueños de esta tierra milenaria, y el futuro de la región debe ser decidido de forma independiente por sus propios países. Wang Yi subrayó que no se apoyarán intentos de promover las llamadas “revoluciones de colores” ni esfuerzos para imponer cambios de régimen. Las intervenciones externas y los intentos de imponer “transformaciones democráticas” por la fuerza no han traído estabilidad ni prosperidad; por el contrario, han fragmentado sociedades y sembrado las semillas de una inestabilidad prolongada. Para resolver los problemas de Oriente Medio es necesario respetar el papel decisivo de los países de la región y permitirles, mediante consultas en pie de igualdad, buscar caminos de desarrollo y soluciones acordes con sus propias realidades nacionales.
En cuarto lugar, los focos de tensión deben resolverse por medios políticos y mediante el regreso al diálogo. Wang Yi instó a todas las partes a volver cuanto antes a la mesa de negociaciones, resolver sus diferencias a través de un diálogo en igualdad de condiciones y trabajar conjuntamente por una seguridad colectiva. Desde el primer día del estallido de las hostilidades, China ha pedido claramente un alto el fuego, el cese de los combates y el retorno al diálogo y a las negociaciones para alcanzar una solución política. En los últimos diez días, Wang Yi ha mantenido conversaciones telefónicas con ministros de Asuntos Exteriores de varios países, incluidos actores implicados en el conflicto, como parte de una diplomacia de buenos oficios. Al mismo tiempo, el enviado especial del gobierno chino para Oriente Medio ha llevado a cabo intensas visitas en la región para promover la mediación. Estas acciones reflejan la determinación de China, como gran potencia responsable, de trabajar en favor de la paz. La prioridad inmediata sigue siendo detener todas las operaciones militares para abrir una ventana de oportunidad a los esfuerzos diplomáticos.
En quinto lugar, las grandes potencias deben desempeñar un papel constructivo y utilizar su influencia con buena fe para salvaguardar la paz. Wang Yi citó un antiguo proverbio chino: “Cuando faltan la compasión y la justicia, se rompe el equilibrio entre ataque y defensa”. Advirtió que las grandes potencias deben defender la justicia y seguir el camino correcto para aportar más energía positiva al proceso de paz y desarrollo en Oriente Medio. Las grandes potencias poseen más recursos y una mayor influencia, por lo que también asumen mayores responsabilidades internacionales. Estas responsabilidades no significan formar bloques, imponer alineamientos o avivar conflictos para servir a intereses geopolíticos estrechos. Significan respetar el derecho internacional, preservar el papel de la Organización de las Naciones Unidas, reducir las tensiones y construir puentes para la paz.
En medio de las llamas de la guerra no hay vencedores. La comunidad internacional, especialmente los países con mayor influencia, debe abandonar la mentalidad de suma cero y la ideología de la Guerra Fría, y emprender de inmediato esfuerzos constructivos para lograr un alto el fuego, detener los combates y reducir las tensiones. Como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y amigo sincero de los países de Oriente Medio, China está dispuesta a trabajar con todas las partes para reunir una fuerza común que ponga fin a la guerra y promueva la paz, sustituyendo la confrontación por el diálogo y la coerción por la consulta, con el fin de dar una verdadera oportunidad a la paz y devolver la tranquilidad a Oriente Medio.




